El frío y el calor atacan la barrera natural que mantiene la piel y el pelo hidratados. Con el frío, el aire seco, el viento y la calefacción se pierde humedad e hidratación. El calor, el sol, el sudor, el cloro y el agua salada resecan la piel, traen sensibilidad y dejan una sensación de falta de brillo.
Invierno
Sin embargo no hace falta cambiar toda la rutina, se trata de crear un ritual lleno de hábitos conscientes que entienden la temporada.
Cuando baja la temperatura, la piel pide una crema con más consistencia, rica y espesa. Que evite la descamación e irritación. No es el momento para los geles ligeros, ceramidas, glicerina, ácido hialurónico y shea butter, son las aliadas de la temporada. Su aplicación justo al salir de la ducha, mientras la piel todavía está húmeda ayuda a retener la hidratación que la piel acaba de absorber.
Algunas recomendadas: Sisley Crème Réparatrice, La Roche-Posay Lipikar Baume AP+M, La Mer Crème de la Mer, L’Occitane Crema de Manos Karité.
El agua muy caliente remueve los aceites naturales que protegen la piel, por esto mismo las duchas deben ser con agua tibia y no hirviendo. Y aunque el cielo amanezca gris, el protector solar siempre es el paso más importante en la rutina de cuidado de la piel, los rayos UV no desaparecen con el frío.
Con el cambio de clima, el frío y la calefacción, el pelo se vuelve seco, se quiebra y se llena de frizz. La clave está en lavarlo menos y nutrirlo más. Cada lavada remueve los aceites que protegen la fibra capilar, así que es recomendable espaciar los lavados y priorizar el acondicionador, de medios a puntas. Una vez por semana, aplicar una mascarilla nutritiva que busca restaurar la hidratación y el brillo, como la LOVE Hair Mask de Davines, la cual hace el trabajo de fondo.
El resto está en los pequeños gestos. Salir a temperaturas bajas con el pelo aún húmedo o mojado causa que al enfriarse se quiebra con más facilidad. En caso de usar secador o plancha siempre aplicar un protector térmico como Kerastase genesis heat protecting spray.
Bajo el sol
El sol, el calor y la humedad enseñan a protegerse primero.
El protector solar es innegociable. Que sea de amplio espectro y SPF 30 o más, un buen ejemplo es el de EltaMD. Un sérum de vitamina C bajo la aplicación del protector suma una barrera extra contra el daño ambiental, el de SkinCeuticals es de los más reconocidos. Con el calor, la piel agradece productos que le ayuden a respirar, un gel ligero, libre de aceites en lugar de una crema densa. La hidratación siempre empieza por dentro, con agua a lo largo del día y no solo aplicándola en la piel.
Para el pelo la protección más eficaz es evitar sumergirlo dentro el mar o la piscina, sin embargo los sprays y cremas sin enjuague con filtro UV, que cuidan el color aportan una barrera extra contra el sol, la sal y el cloro.
Y si el pelo se moja, mojar el pelo con agua dulce antes del mar o la piscina ayuda a que absorba menos cloro y sal. Al salir, enjuagar cuanto antes y aplicar un acondicionador que hidrate y deje una capa protectora para el resto del día. Al secarlo usar una toalla de microfibra, que absorbe el agua sin maltratar la fibra. Para desenredarlo, un cepillo de cerdas flexibles evita que se rompa, diseñado para pelo húmedo como The Mermaid Brush de Bur Bur empezando siempre por las puntas.
Hay hábitos que no dependen de la temporada o el clima. El protector solar diario, el consumo de agua suficiente y un plato balanceado con nutrientes, o el descanso, hacen que la temporada sostenga un cuidado en armonía y balance.