Isabel Gomez Machado

Gómez Machado es una artista visual originaria de Medellín cuya obra se mueve entre tres ejes: el retrato, óleo y bodegón. En 2022 dio un giro en su carrera para reemplazar el diseño gráfico en proyectos comerciales por el lienzo como lenguaje propio. Desde entonces ha direccionado su visión pictórica hacia escenas donde reina la presencia e identidad femenina en paisajes cotidianos e íntimos. El corazón de su trabajo late entre lo irreverente y lo frágil, buscando maneras diferentes de transmitir la vulnerabilidad desde un lente travieso. Una de sus series más recientes, En el tocador nace el amor, retrata la performatividad femenina a través de objetos universalmente reconocidos: los tradicionales aretes en nudo de oro, la crema típica vendida en toda Latinoamérica, una peinilla y las icónicas barritas para el pelo. Su apuesta es inmortalizar una visión de identidad compartida en un espacio tan íntimo y personal como el tocador.
Sofía del Mar Collins

Sofía del Mar Collins construye su obra desde la intervención artística de textiles mediante procesos como el bordado, el tejido y el teñido con pigmentos naturales, como una reivindicación de la artesanía como práctica ancestral femenina. Nacida en San Juan de Puerto Rico en 1995, sus creaciones exploran el paisaje caribeño como un ser en evolución. Su obra busca anclarnos al presente y encaminarnos hacia un futuro sensible e incierto mediante propuestas oníricas que desdoblan el límite entre el fine art y los medios artesanales.
En 2025 exhibió en ARTBO su obra Pleno vuelo inconsistente, donde mariposas, libélulas y luciérnagas se convierten en voceras de la metáfora del deseo. Con esta obra Collins plantea una pregunta que su propia pieza responde: ¿en qué se diferencia el impulso de volar del impulso de crear? Elaborada en acuarela y gouache sobre seda teñida a mano, los colores se fusionan como sensaciones brumosas que oscilan entre la disonancia y el balance. La respuesta: ambos se parecen más de lo que percibimos, pues el deseo, tal y como el vuelo, es un estado cambiante, ambiguo e inconsistente. Su obra nos propone mantenernos en ese estado perpetuo de búsqueda, y la seda, junto a sus colores superpuestos, demuestra precisamente que nada termina resuelto y todo sigue en movimiento.
Julieth Morales
Julieth Morales nació en el Cauca en 1992 como parte de la comunidad Misak y eligió la ciudad. Esa dualidad se convirtió en el motor de su obra, centrada en el performance, la fotografía, el video y el tejido para explorar la identidad femenina desde la introspección y trascender el retrato convencional de la población indígena que surge desde el folclor. Más allá de homenajear sus raíces, Morales usa su arte como un acto de resistencia para redefinir el arte indígena como un proceso profundamente vivo y rebosante de memoria. Ella misma plantea el arte como una forma de pensar, cuestionar y transformar la cultura. Esa convicción encontró su expresión más poderosa en Namui nu pirø [Nuestro territorio], su primera exposición individual institucional en el MAMBO de Bogotá en 2025, construida de la mano de las mujeres de su comunidad, donde el acto de hilar se transforma en una manifestación de sororidad transgeneracional y el territorio trasciende el plano físico para convertirse en una dimensión espiritual y colectiva.
Beatriz Acevedo Duzán

Beatriz Acevedo Duzán convirtió en arte lo que muchos pisamos sin pensar. En su trayecto rutinario desde la casa de sus padres hasta su taller, encontró los ingredientes de su práctica artística: tubos de PVC peleando por salir del cemento, traperos convertidos en anémonas sobre el concreto, basura que, detrás de sus ojos, permanecía viva.
Destacamos de su obra el lienzo a gran escala y la pintura en capas elaborada con carbón, acrílico, lápices de color, tierra y crayolas de óleo. Un proceso que se demora, se retoma, se olvida y se vuelve a retomar, donde el tiempo, la construcción y la imagen tienen el mismo protagonismo.
Su propuesta en ARTBO 2025 surge como resultado de este ciclo. Animal basura, una composición de dos por dos metros, retrata estos desechos en contextos de fantasía repletos de vitalidad, mutándolos e integrándolos al mundo animal. Acevedo decidió demorarse intencional y conscientemente para crear desde su memoria. El resultado: una pieza elaborada a capas que transmite la sensación de un estado eterno de formación. El lienzo termina retratando el pavimento que atravesamos día tras día, siempre incompleto, siempre en construcción.