“Estoy aquí. Yo soy mi propia testigo.”
Fue la frase que estaba tallada en la espalda del último look del desfile de MAZ by Manuela Álvarez en Colombiamoda. Un look completamente blanco, el único de ese color. Pero para entender por qué ese fue el último mensaje que dejó la pasarela, primero hay que volver al principio. A la caída.
OH MY HEART habla de todo aquello que sucede cuando la vida rompe las estructuras que creíamos permanentes. De la pérdida, del duelo, de la reconstrucción y, finalmente, de la posibilidad de volver a habitar el propio cuerpo. Del renacer.
"No existe experiencia más humana que la impermanencia. Todos hemos conocido la pérdida. Todos hemos conocido el desprendimiento. Todos hemos conocido la esperanza", cuenta Manuela Álvarez sobre esta colección.

Ese tránsito emocional es la idea principal de la colección. Está dividida en cuatro actos: la caída, la herida, el respiro y la comprensión.
En esas cuatro fases, la colección exploró nuevas posibilidades para el diseño colombiano a través de cueros termoformados y trenzados, siluetas desarrolladas junto al maestro artesano Mateo Perea, investigaciones textiles realizadas con Tejidos Chakana, innovaciones en telar horizontal de algodón junto a Don Javier García y el característico cordón víbora de MAZ. A esto se sumaron nuevas exploraciones en tejido de punto y procesos de estampación desarrollados con Sutex.
Para comenzar el desfile, las prendas se tiñeron de negro. Las modelos aparecieron con largas trenzas, cintas oscuras cubriendo sus ojos y una actitud ceremonial. Había peso y contención. Los tejidos, los flecos y el cuero parecían construir una armadura para atravesar el dolor. La música melancólica acompañaba a las modelos mientras caminaban hacia la siguiente fase.

Después llegó el rojo.
La música cambió de ritmo y también lo hizo la energía de la pasarela. El maquillaje se tiñó de tonos escarlata, mientras las prendas adquirían más volumen y movimiento. Los cueros termoformados, las siluetas escultóricas y los flecos parecían convertirse en una extensión del cuerpo. Algunas piezas recordaban un corazón latiendo. Otras, una herida todavía abierta. Carne viva. Todo expuesto, sin nada que ocultar.

El tercer acto resaltó el azul.
Después del impacto vino el respiro. Los tejidos comenzaron a caer con mayor suavidad y las texturas parecían diluirse sobre el cuerpo, como si la tela fueran lágrimas. Era un momento más íntimo, donde la colección dejaba de hablar del golpe para empezar a hablar de la posibilidad de sanar.

Por último apareció el blanco.
Una modelo, Luna Luque, caminaba lentamente para que todos pudieran verla bien. Mentón en alto y expresión decidida, llegó el momento más esperado: el renacer.

Manuela Álvarez ilustra una historia a través de sus diseños. Si algo ha caracterizado su trabajo durante más de una década, es su capacidad para demostrar que la innovación también puede preservar el oficio de la moda. Ella entiende que la artesanía es fundamental para el diseño. Por eso, esta colección, al igual que todas las anteriores, nace del trabajo conjunto con comunidades artesanas colombianas, donde el conocimiento ancestral es imprescindible para contar una historia.