El coraje de fijarse en lo efímero

Con la inquietud de hablarle al mundo en un lenguaje universal, la artista plástica e ingeniera Diana Lucía Dälél Nieto, integra la luz, el color y la espiritualidad en sus obras. Lo hace como un acto de resistencia ante una realidad que nos impide fijarnos en aquello que no se repite, que no se puede ver y que es, por naturaleza, fugaz.

Por Manuela Barrera Nieto

Fotografía vía Lucía Dälél — Lucía Dälél

El llamado a crear

Desde muy pequeña, Lucía sintió una profunda conexión con el color. Creció en —lo que ella llama— un «laboratorio de colores». Su casa era un baluarte de los pigmentos, un lugar que olía a trementina y a citronela, pues su mamá tenía un atelier de porcelana. Con un tono de voz que revela una gran nostalgia hacia su infancia, la artista recuerda: «No pedía muñecas, pedía cajas de colores. Yo siempre dije que iba a ser embajadora de los colores en el mundo, sin saber cómo eso iba a darse en algún momento de la vida». 

Años más tarde, aquella niña profundizaría en el estudio de las propiedades palpables del color, de la luz y la técnica. En este proceso de aprendizaje cromático, Lucía descubrió que lo más importante distaba de la teoría: se encontraba en el análisis de lo que no se ve, en lo energético, lo perceptivo y lo psicológico.

Fotografía vía Lucía Dälél

El lenguaje del color, lo efímero y la inmortalidad

Tras explorar colecciones en acuarela, óleo y pasteles secos, Lucía tomó una decisión deliberada: ir en contracorriente de las demandas tradicionales del arte. En un mundo que visibiliza la sombra, el caos, lo ruidoso y lo grotesco; proponer creaciones enfocadas en la luz, el bienestar y la espiritualidad parecía un acto de suma rebeldía. 

Entonces, bajo la premisa de capturar aquello que es efímero y que no regresa, comenzó a pintar atardeceres y cielos. «El arte va a ser mi manifiesto, una provocación a la inmortalidad. Me pregunté cómo podía, a través de él, inmortalizar cosas que no vuelven. Después hice una obra en Cartagena basada únicamente en los movimientos del mar, porque un mismo instante, un mismo movimiento, nunca va a ser dos veces igual» afirma la artista. A partir de allí, enfocó su obra hacia los fenómenos irrepetibles de la materia, integrando elementos volátiles como las burbujas y la experimentación con luces cromáticas. 

Fotografía vía Lucía Dälél

La luz que te habita 

Motivada por la exclusión histórica de las mujeres en el arte, por su deseo de reivindicar a la mujer artista colombiana y por el reto de democratizar las bendiciones del color, esta artista del alma escribió La Luz que te habita. Su manera de poner ese lenguaje de números y color al alcance de todos. 

La obra funciona en dos dimensiones: un libro-guía lineal que explica el significado de cada espectro, y un diario sagrado de acuarela —atemporal y diseñado para usarse todo el año— en el que cada persona interactúa con el pincel sobre los tonos definidos por la artista. El lector responde a las preguntas sobre lo que el color le revela y, solo entonces, descubre su significado profundo. En palabras de la autora, es una invitación a regalarse un espacio sagrado en casa y recordar que el amor propio es la raíz de todo. 

Fotografía vía Lucía Dälél