Museo de Yayoi Kusama

¿Alguna vez te has preguntado cómo sería ver el mundo desde la perspectiva de otra persona? Yayoi Kusama, a través de sus obras, nos dio un vistazo a ese universo en su cabeza. Desde pequeña, un campo de flores rojas cubrió de golpe su cuarto, su cuerpo, su universo entero. "Mi alma quedó obliterada, y fui devuelta al infinito," escribió después sobre ese momento. De ahí nacieron los lunares, las redes y las calabazas. Era la manera que encontró de procesar un mundo que ella veía distinto a los demás. Hoy recordamos ese universo, y a la mujer que lo construyó.

Yayoi Kusama, una de las artistas contemporáneas más rompedoras, murió el 14 de agosto de 2026 en un hospital de Tokio, a los 97 años, por falla multiorgánica.

Nació el 22 de marzo de 1929 en Matsumoto, Japón, la menor de cuatro hermanos en una familia acomodada que administraba un vivero y una granja de semillas. Puertas adentro, su infancia fue más difícil de lo que su estatus económico dejaba ver. Su padre pasaba largas temporadas fuera de casa, y su madre, que desaprobaba que pintara, llegó a destruir algunas de sus obras. Fue en medio de ese ambiente tenso que, a los 10 años, tuvo su primera alucinación: un campo de puntos que cobraba vida propia y la consumía, hasta hacerla sentir disuelta en él. Pintar se convirtió, desde entonces, en la manera de procesar lo que veía y sentía.

Esa idea de disolverse para volver a formar parte de algo infinito, se convirtió en el corazón de toda su obra. Ella misma lo llamó "autoobliteración": la idea de que, al borrar los límites entre uno mismo y el mundo, uno regresa al universo. Los lunares y las redes que repitió obsesivamente durante siete décadas eran, en sus propias palabras, la manera de traducir en pintura lo que su mente veía.

Decidió mudarse a Nueva York en 1958 en busca de libertad creativa y reconocimiento, alentada por una carta de la artista americana Georgia O'Keeffe. Ahí se instaló como una de las voces más radicales de la vanguardia del arte pop.

Su trabajo no tenía límites, porque su mundo era infinito. Pintura, escultura, performance, instalación, novela y poesía. Kusama dominó la repetición y lo avant-garde como si fuera suya.

Museo Yayoi Kusama - BAZAAR Colombia

Desde 1977 vivía por voluntad propia en un hospital psiquiátrico en Tokio, pero nunca dejó de crear, con estudio propio a pocos pasos. Y en 2023 fue la artista contemporánea más vendida en subastas del mundo, por encima de David Hockney.

A Message of Love from Yayoi Kusama, un poema que explica, mejor que cualquier biografía, por qué nunca soltó el pincel. Ahí describe décadas enteras buscando la luz en los momentos más oscuros, y cómo una y otra vez volvía a sentarse frente a un lienzo para seguir adelante. "La vida es hermosa," escribió. Para ella, pintar era la manera de seguir eligiendo la vida.

Museo Yayoi Kusama - BAZAAR Colombia

También entró al mundo de la moda. Colaboró dos veces con Louis Vuitton (en 2012 y en 2023) llevando su universo del museo a la moda global. Una de las piezas más destacadas fue una cartera en forma de calabaza, en cuero amarillo cubierto por el monograma de Louis Vuitton en negro, tan codiciada que en 2024 se convirtió en una de las carteras de la maison más caras en subasta.

Pintó hasta sus últimos días, sin soltar nunca el pincel. Su fundación asegura que seguirá su voluntad de usar el arte para llevar esperanza al mundo, como ella siempre creyó que el amor podía hacerlo.