Péptidos: el tratamiento de moda que exige mirar la letra pequeña

En medio del furor en Colombia por los péptidos, un producto con el que muchos buscan verse mejor, son pocos los que verifican la letra pequeña de lo que se están aplicando.

Por Ánkar Lucía Brito

Inyección — Getty Images

En el país hay una nueva palabra circulando entre redes sociales, chats, consultorios estéticos, rutinas de bienestar y conversaciones entre amigas que comparan piel, energía, metabolismo y kilos: se trata de los péptidos. Suena científico, algo sofisticado, suena a medicina de precisión, a cuerpo soñado, pero detrás de esa promesa, está el drama de no saber exactamente qué entra al organismo. Ahí es donde empieza a aparecer una pregunta incómoda: ¿sabemos realmente qué nos estamos inyectando?

Vemos creadores de contenido recomendando «Péptidos para bajar grasa»; otros aseguran que les cambiaron la piel, el sueño, la energía o el apetito. La oferta resulta tentadora: menos cansancio, más colágeno, mejor cuerpo y mayor control en la alimentación. El asunto es que, entre el deseo de verse bien y el dinero que mueve esta tendencia, la salud puede terminar convertida en un experimento.

La doctora Victoria Escalante, especialista en medicina biológica y ortomolecular, explica desde su experiencia clínica, que los péptidos son cadenas cortas de aminoácidos que actúan como mensajeros biológicos e intervienen en la regeneración celular, la síntesis de colágeno y la regulación hormonal. El problema, advierte, no está necesariamente en la sustancia, sino en su uso indiscriminado, sin trazabilidad, control sanitario ni seguimiento médico.

Fotografía Getty Images

Este auge vertiginoso recuerda, con las debidas diferencias, lo ocurrido con los biopolímeros: también llegaron envueltos en promesas de belleza rápida. Después vino el drama: complicaciones, denuncias, cirugías, secuelas y una generación aprendiendo demasiado tarde que no todo lo que se inyecta en nombre de la estética tiene respaldo o salida fácil. Con los péptidos, el riesgo está en repetir el mismo libreto: la expectativa avanza más rápido que la evidencia, el mercado se adelanta a la regulación y el paciente queda en el medio.

En Colombia ya existen medicamentos regulados por el Invima, como Ozempic, Wegovy, Saxenda, Victoza, Rybelsus y Mounjaro, indicados para condiciones específicas como diabetes tipo 2 u obesidad, siempre bajo fórmula médica y respaldo sanitario. Sin embargo, la entidad ha advertido sobre el uso indiscriminado de análogos GLP-1 como reductores de peso, impulsado por la desinformación en redes sociales. El riesgo no está solo en el producto autorizado, sino en lo que circula por fuera del control: versiones sin registro, mezclas promocionadas como fórmulas magistrales, ventas informales y aplicaciones en lugares donde nadie muestra el empaque, el lote, el fabricante, la procedencia ni el registro del Invima.

Para Escalante, quien tiene más de 20 años de experiencia en nutrición funcional y regulación hormonal, cualquier paciente debería hacerse una pregunta antes de aceptar una aplicación: «¿Puedo identificar plenamente lo que me van a poner?». El nombre del producto, su composición, el laboratorio fabricante, el país de origen, el número de lote, la fecha de vencimiento y el registro sanitario no son detalles burocráticos, son la diferencia entre un protocolo médico serio y un salto de fe.

Estos medicamentos ya no se mencionan solo en consultas de endocrinología. Ahora aparecen en almuerzos, fiestas, gimnasios, salones de belleza y conversaciones de pasillo. La duda dejó de ser «¿Para qué está indicado?» y se volvió «¿A quién le funcionó?». Ese cambio, aunque parezca pequeño, es enorme: cuando un tratamiento se convierte en tendencia, la fórmula médica empieza a competir contra el testimonio viral.

Escalante insiste en que un protocolo serio no se parece a una fórmula milagrosa: debe incluir evaluación clínica individualizada, diagnóstico, análisis de riesgos, consentimiento informado, seguimiento y documentación. Quizás por eso su recomendación más potente no necesita adornos: «Nunca permita que le administren una sustancia que no pueda identificar plenamente».