Arte y diseños de moda — BAZAAR Colombia

El diseñador es artista y el artista es diseñador. Uno pinta sobre un lienzo y esculpe en piedra o bronce. El otro dibuja sobre papel una idea y la vuelve tangible sobre un maniquí. No son tan distintos. Por eso, una amistad entre creativos es inevitable.

Elsa Schiaparelli y Salvador Dalí, Yves Saint Laurent y Andy Warhol, Coco Chanel y Picasso. Todos encontraron algo en común, una conexión que solo puede existir entre quienes ven el mundo con mente creativa. Coco Chanel alguna vez dijo, hablando de su círculo de amigos artistas como Picasso y Stravinsky: "Cuando la vida me puso en contacto con quienes eran las personas más deliciosas y brillantes de mi época, un Stravinsky o un Picasso, no me sentí ni estúpida ni avergonzada."

Elsa Schiaparelli y Salvador Dalí

Desde el principio, Elsa Schiaparelli y Salvador Dalí tenían en común que los dos convertían el mundo en algo más a través de sus creaciones. Compartían una idea principal: el surrealismo, solo que uno lo traducía al lienzo y la otra a prendas de moda, y por eso cada pieza que hicieron juntos se reconoce de inmediato. Se conocieron en París a principios de los años 30, probablemente por conocidos mutuos dentro del círculo surrealista de la ciudad, aunque nadie documentó nunca el momento exacto en que se cruzaron.

Los dos fueron visionarios de sus ámbitos. Schiaparelli fue de las primeras en llevar el jumpsuit a la alta costura y en convertir sus desfiles en espectáculos con música y escenografía propia. Dalí, por su parte, exploró desde muy temprano terrenos como el videoarte y la holografía artística Elsa, de hecho, se consideraba artista antes que diseñadora, para ella, diseñar ropa era arte.

Su primera colaboración documentada llegó en 1935: una polvera lacada en negro con forma de disco de teléfono rotatorio. Un año después, Dalí describió la apertura del atelier de Schiaparelli en la Place Vendôme: "Aquí nacieron nuevos fenómenos morfológicos; aquí la esencia de las cosas comenzó a transformarse; aquí descendieron las lenguas de fuego del Espíritu Santo de Dalí."

También colaboraron y de eso nació el Lobster Dress, que Wallis Simpson hizo famoso en 1937, inspirado en la fascinación de Dalí por los caparazones de crustáceos y su carga erótica. El Shoe Hat, que también llevó puesto Gala, la esposa de Dalí. El traje con bolsillos en forma de cajones, inspirado en uno de los cuadros de Dalí. El Tears Dress de 1938, que nació de Primavera necrofílica (1936), un cuadro que Schiaparelli tuvo colgado en su propia casa durante años antes de convertirlo en vestido.

Yves Saint Laurent y Andy Warhol

Se conocieron en 1968, dentro del círculo que Yves Saint Laurent compartía con su pareja y socio Pierre Bergé, y se volvieron amigos rápidamente. Dos años después, en 1970, Warhol pasó una temporada en París rodando su película L'Amour y aprovechaba cada momento libre para ver al diseñador.

Los dos compartían una timidez inesperada. En 1972, Warhol le hizo a Saint Laurent una serie de retratos que hoy forman parte de colecciones como la del Whitney Museum. Años más tarde, Yves Saint Laurent hablaría de él así: "Era un artista completo. No solo un pintor, sino un artista. Sus películas, sus afiches, todo tenía que ver con la generosidad. Y con la locura. No se puede ser artista sin estar un poco loco."

Picasso y Chanel

Se conocieron en la primavera de 1917, probablemente presentados por Jean Cocteau o por Misia Sert, conectora de la vanguardia parisina. Picasso, que ya se estaba volviendo famoso gracias, y Chanel, que acababa de abrir su casa de moda en Biarritz, tenían la misma edad y la misma obsesión de trabajar sin parar y romper las reglas de sus respectivos oficios.

Chanel fue amiga de Picasso y su esposa, Olga Khokhlova, especialmente durante los años en que el pintor colaboraba con los Ballets Rusos de Diaghilev. En 1920, Étienne de Beaumont organizó un baile de disfraces y no invitó a Chanel, a pesar de que ella había ayudado a confeccionar los trajes. Por lealtad a su amiga, Picasso, Misia y Sert decidieron no entrar tampoco y se quedaron afuera viendo llegar a los invitados. Meses después Chanel organizó su propia fiesta en su casa, donde invitó a Picasso, Cocteau, Satie y Braque, entre otros.

De esa amistad nacieron dos colaboraciones. En 1922, Picasso diseñó escenografía y máscaras para Antígona, con vestuario de Chanel, y en 1924, en Le Train Bleu, el ballet de Diaghilev, donde el gouache de Picasso Dos mujeres corriendo en la playa se usó como telón mientras Chanel vestía a los bailarines con ropa deportiva.