“Todo nace desde la asunción que siempre ronda alrededor de una mujer durante su embarazo.
En términos estéticos, la forma en que se retrata a una mujer embarazada prioriza su transformación física, la barriga, y casi por inercia adopta una paleta, una manera de vestir y una actitud que no puede salirse de lo cálido, de la sonrisa, de lo “natural”, de la interpretación de la pureza del nacimiento de un nuevo ser. Estas fotos quieren romper con esa ideología fotográfica en la que nos preguntamos por qué no fotografiar el cuerpo embarazado en tonos fríos y por qué olvidar el lenguaje que Laura ha construido a través de la moda. Un lenguaje que puede seguir siendo disruptivo y atrevido, que sí celebra el nacimiento de una nueva vida, pero que reconoce que esa vida viene de un cuerpo que se sigue sintiendo atractivo y que no permite olvidarse de la experimentación como herramienta para seguir creando.”
- Andres Oyuela.
La asunción
La mujer siente cómo su vientre crece, un corazón que late cada vez más fuerte en sintonía con el de su madre. Todos a su alrededor observan el milagro de la vida con maravilla. Rosas y tulipanes la rodean, en colores cálidos y pasteles, con un brillo dorado y un halo. La mujer embarazada es Afrodita, es Deméter, es María.
El evangelio del día de la Asunción es el de la Visitación, el encuentro entre dos mujeres embarazadas, María e Isabel. Y la primera lectura, del Apocalipsis, habla de una mujer vestida de sol que está por dar a luz. La fiesta que celebra a María elevada al cielo gira, en buena parte, sobre imágenes de embarazo.
Entre 1516 y 1518, Tiziano pintó la Assunta para el altar mayor de la basílica dei Frari, en Venecia. María sube entre ángeles mientras los apóstoles la miran desde abajo, varios con los brazos en alto. Una mujer que se eleva y otros que la miran, los ángeles en el cielo y los testigos de un milagro en la tierra.
Elevar a alguien también es una forma de alejarla. Desde abajo, la mujer deja de ser alguien con quien se conversa y pasa a ser alguien a quien se contempla. Se la idealiza, y sobre esa imagen se proyectan expectativas de cómo debe vestirse, sentirse y actuar.
La naturalidad de la maternidad
A lo largo de la historia, las culturas se han apropiado del cuerpo femenino durante el embarazo. Le dicen cómo vestirse, cómo moverse, qué proyectar. El embarazo se convierte en un estado en el que la mujer le pertenece a todos menos a sí misma, y se olvida de quién era antes y de quién sigue siendo, más allá del cuerpo que crece.
Esa narrativa tiene una imagen que se repite. La de una mujer reducida a su barriga, rodeada de colores cálidos y suaves, con una sonrisa fija y una serenidad que roza la beatitud. Es una fórmula que viene de la pureza de la Virgen María y que, por extensión, convirtió la virtud en exigencia para toda mujer embarazada.
Esta serie la cuestiona. Laura Tobón, frente al lente de Andrés Oyuela, es el reflejo de esa pregunta, planteada en tonos fríos y con una mirada directa. Una mujer no deja de ser quien es por estar embarazada, ni antes, ni durante, ni después del parto. Un cuerpo atractivo, un cuerpo con voz propia, un cuerpo femenino en todas sus manifestaciones.