Construir credibilidad en un terreno liderado por hombres

Por Juliana Casas

Pawn seeing a queen in mirror. — ffikretow

¿Cómo justificar que, en un mundo donde el discurso de las brechas de género se repite casi a diario, las mujeres sean apenas el 25,4% del talento empleado en el sector de tecnología (MinTic y Fedesoft, 2025)? ¿Cómo explicar que, aunque se estima que el 32% de los empleos directos del ecosistema emprendedor son mujeres, el 75% de los fundadores de startups sean hombres (Colombia Tech Report 2026)? ¿O que una de cada cuatro startups tenga menos de un 10% de mujeres en su nómina?

La conversación suele quedarse ahí, en cuántas son. Casi nunca llega a la pregunta de fondo: ¿las que están ahí necesitan mostrarse para que les crean?

El Colombia Tech Report 2026 ofrece un contraste, una mirada distinta a esa discusión tantas veces mencionada. En Saas, o software as a service, que es el sector con más startups del país, el 58% de las fundadoras recurre a su marca personal para ganar credibilidad, frente al 32% de los fundadores. Mientras que en healthtech, un sector más equilibrado, la diferencia se borra casi por completo: 29% de ellas la usan y de ellos un 28%.

Los datos no explican el porqué, no se detienen en razones lógicas o estudios concretos que desglosen estas cifras. Lo que sí hacen es abrir una pregunta: ¿qué hace que, en determinados entornos, una fundadora recurra más a la visibilidad para construir credibilidad? Y esa sí es una discusión que no se ha tocado lo suficiente.

BBVA - BBVA

La verdadera milla extra

“En entornos técnicos la brecha se nota mucho: un hombre dice que tiene un algoritmo y le creen, mientras que una mujer tiene que demostrarlo más. [...] Cuando estás frente a personas realmente técnicas, eso desaparece, pero en perfiles más generalistas la brecha sigue siendo evidente.” dice Valentina Agudelo, co-founder y CEO de Salva Tech, en el Colombia Tech Report 2026. 

Los números del informe permiten leer esa percepción desde otro ángulo. El 81% de las mujeres creen que los resultados medibles fortalecen su credibilidad, mientras que en los hombres esa cifra baja al 69%. Para ellos, su experiencia y posicionamiento aparecen como el segundo factor más determinante en la percepción de credibilidad (52%). Con la marca personal ocurre lo contrario. Para ellas pesa más. El 67% usan su perfil público junto con recomendaciones de voz a voz para ampliar sus contactos, mientras que sólo un 52% de los hombres recurren a esa misma estrategia.

Mapeo del Ecosistema Colombia Tech Report 2026 - Tech Report 2026

 Pero, ¿qué lleva a unos y otros a apoyarse en esa estrategia? Los datos del informe revelan que ellas recurren a su marca personal para abrir puertas en entornos competitivos. En pocas palabras, se convierte en la llave para poder acceder a un ecosistema cada vez más difícil de penetrar. Mientras que ellos solo la usan como una extensión de su trayectoria técnica y su experiencia previa. Casi que sirve como su carta de presentación a un mundo donde esa trayectoria ya validó lo que están proponiendo. 

Para mujeres como Angela Acosta, fundadora y CEO de Morado, una empresa de tecnología para negocios de belleza, la reputación vale tanto como el capital, como lo escribe en su LinkedIn. Y se nota, según Favikon, fue la única fundadora de una empresa tecnológica entre las mujeres del top 20 de voces de LinkedIn en Colombia 2025. Algo parecido cuenta la misma Valentina Agudelo, que ganó el Startup Battlefield de TechCrunch en 2024 y el Premio Princesa de Girona en 2025, y asegura que los reconocimientos le aportan credibilidad, red, visibilidad y le permiten construir lazos con agentes clave del ecosistema de la salud. 

¿Se trata entonces sólo de mostrarse? 

No. Verónica Poblete, fundadora de la agencia chilena de comunicación Bee Partners, ha visto ese sesgo más de una vez en su trabajo como asesora de fundadoras que buscan capital. Lo describe con una escena simple: si un hombre y una mujer llegan al tiempo a una ronda de capital, a la mujer la felicitarán y le ofrecerán acompañamiento, pero al hombre, en la sala de al lado, le ofrecerán dinero sin más. 

Un estudio publicado en Harvard Business Review en 2017 mostró que el 67% de las preguntas que hacían en rondas de capital a los hombres eran de crecimiento y oportunidad, y el 66% de las que les hacían a las mujeres eran de riesgo y seguridad. Y como bien lo decía Poblete, frente a un sesgo como este, la mujer termina teniendo que construir un discurso donde en vez de proyección, escala y mercado, lo que transmite es contención de problemas. Una narrativa que entra en desventaja con el escenario al que el hombre se enfrenta. 

Y entonces, ¿cuál es la alternativa? Recurrir a una herramienta que para muchas no es fácil de implementar: la visibilidad del liderazgo, el acto de mostrarse, de exponer lo que se está haciendo. Algunas fundadoras tienen una gran dificultad para aceptar esa visibilidad como parte del trabajo; como una herramienta para construir la reputación y la confianza que buscan los inversionistas. Pero en espacios donde la desventaja se hace evidente, la visibilidad parece surgir como una herramienta para reforzar la credibilidad y fortalecer el discurso.

Un camino incierto

Quizás la pregunta que ahora vale la pena no sea cuánto tienen que mostrarse las mujeres para que les crean, sino por qué todavía necesitan hacerlo más que ellos. Porque las cifras muestran que, más allá de las brechas de acceso y oportunidades, también existe una diferencia en la manera en que los fundadores y fundadoras construyen credibilidad y amplían sus redes.

  
Entonces, ¿es la visibilidad una solución u otra carga que las mujeres tienen que asumir para competir en igualdad de condiciones?