Durante los últimos años las casas de moda europeas se han concentrado en reinterpretar y reescribir la historia de los códigos de manera creativa, coherente y auténtica, manteniendo el legado vivo y la simbología más presente que nunca. Lacoste no ha sido la excepción, fundada en 1933 por el tenista francés René Lacoste, la marca nació como parte de un acto de rebeldía. Para la temporada Primavera-Verano 2027, la directora creativa Pelagia Kolotouros vuelve a ese origen bajo la idea “Dress Code: No White Required”.
Este domingo durante la Semana de la Moda de París, se presentó el deporte de manera diferente como la interpretación propia de la rebeldía. Regresando a las raíces deportivas de la casa pero llevando las piezas clásicas del tenis por fuera de la cancha. Kolotouros deconstruye el estilo deportivo sobre la icónica cancha de tenis Philippe - Chatrier en Roland Garros, cubriendo el estadio con montañas desbordantes de arcilla y paredes de acero desgastado. Kolotouros se inspiró en una visita a una fábrica de arcilla, el lugar donde nace la superficie de las canchas, y quiso recrear ese escenario. La pasarela tenía forma de infinito, con curvas que evocaban el ritmo y la velocidad del juego.

Esta colección celebra la imperfección, el sudor, las manchas, la huella y la libertad de no vestir de blanco. El tenis le dejó a la moda una gran parte de la estética preppy, old money o quiet luxury, el blanco impecable, la etiqueta estricta, y la cancha intacta. Pero en los años veinte, dos campeones empezaron a desarmar esas reglas desde la cancha.
Suzanne Lenglen se presentó en la cancha sin corsé y con una falda plisada hasta la pantorrilla, cambiando la libertad de movimiento, su juego y la forma de vestir del deporte. René Lacoste, por su parte, recortó las mangas de su camisa para ganar ligereza y velocidad. De ese gesto nació una de las prendas más icónicas: la camisa polo.

La inspiración de esta temporada fue una fotografía de Irving Penn de 1984, en la que un polo blanco de Lacoste parece cobrar vida. A partir de esa imagen, Kolotouros propone que el uniforme ya no es algo que hay que proteger, sino algo que se vive y transforma. Las manchas de arcilla y el sudor dejan de ser errores y se convierten en una historia intencional.
Esa idea se aterrizó en las telas. Con arrugas, organza y nylon con transparencias y aplicaciones que imitan manchas de arcilla sobre denim, polos y camisetas.
Para la temporada SS/27 el armario de ropa deportiva se mezcló con sastrería, y las prendas de abrigo aparecieron junto a pantalones amplios, el movimiento también recorrió toda la colección. Las siluetas eran alargadas y relajadas, las telas fluían alrededor del cuerpo y las referencias al deporte solían aparecer en detalles específicos. La base fueron tonos tomados de la tierra, arcilla, verde oliva, azul cobalto y caqui.

Los abrigos convivieron con pantalones amplios y camisetas gráficas oversized. Uno de los momentos más llamativos llegó hacia el final del desfile, con faldas y vestidos cubiertos de grandes lentejuelas en el verde amarillento de una pelota de tenis, que brillaban y se movían como escamas.
Con esta colección, Lacoste vuelve al gesto rebelde de René Lacoste y demuestra que su legado sigue en movimiento.
