¿Por qué no empezar un museo en tu armario?

Por Felipe Espinosa

Colección Johanna Ortiz, París, marzo 2022 — Felipe Espinosa

Los museos coleccionan aquello que una sociedad decide no olvidar. Pero tal vez un museo también pueda tener perchas. Tal vez una chaqueta conserve una época, un bolso un viaje y un tejido la memoria de una comunidad. Tal vez un armario no sea solamente un lugar para guardar ropa, sino una colección de decisiones memorables. 

¿Por qué no adquirir piezas de moda latinoamericana como quien compra una obra de arte? 

¿Por qué no comprar como curadora y no como acumuladora? 

¿Por qué no escribir la historia de una prenda antes de olvidarla? 

¿Por qué no vestirse para nadie más que para el espejo? 

¿Por qué no tener un ala permanente para esas tres piezas que nunca saldrán en préstamo? 

¿Por qué no seguir a una comunidad artesanal antes que a otro influencer? 

¿Por qué no visitar un taller en Sandoná, Curití o Usiacurí como quien visita una galería? ¿Por qué no dejar un gancho vacío para ese próximo diseñador colombiano que todavía no conoces? 

¿Por qué no enamorarse de una técnica antes que de un logo? 

¿Por qué no confiar en tu ojo antes que en el dictado del algoritmo? 

Al final, cada mañana plantea un nuevo ejercicio de curaduría. Frente al espejo elegimos qué mostrar, qué preservar y qué historia contar. Y pocas colecciones son tan personales como la que llevamos puesta. 

Hace casi un siglo, Diana Vreeland convirtió una pregunta en una forma de mirar el mundo. “Why Don´t You” no proponía tendencias, proponía imaginación. Esta es su primera escala en Colombia.