El gran salón del Old Bailey no fue construido para favorecer la ropa. El mármol lo recorre entero en cuadros blancos y negros; la piedra tiene el color del mal tiempo y las lámparas de los arcos no dan casi nada de luz. El domingo por la mañana, cuarto día de la Semana de la Moda de Londres, Simone Rocha hizo desfilar cuarenta y cuatro mujeres. Frédéric Sánchez, encargado de la banda sonora del desfile, eligió «gg», una canción de Lolina que hace referencia a Gossip Girl, la serie sobre los secretos y escándalos de la élite juvenil de Nueva York. Sonó en una versión remezclada por la artista venezolana Arca, con un sonido distorsionado que retumbaba en el tribunal penal más famoso de Gran Bretaña. La solemnidad y el chisme compartían escenario. Eso era la colección.
El punto de partida fue una pintura. El prendimiento de Cristo, de Caravaggio, que casualmente pasó décadas colgado en un comedor de Dublín, considerado una simple copia, hasta que en 1990 fue reconocido como un original. Hoy se encuentra en la Galería Nacional de Irlanda. En las notas que acompañan la colección, Rocha convierte esa historia en una consigna: encontrar lo más bello donde nadie pensaría buscarlo en plena luz del día. Y encabeza la página con una frase que suena más a confesión: Estoy intentando amarte.
Primero, la ropa de trabajo
El desfile abrió con chaquetas de faena en gabardina de algodón azul marino, ceñidas con velcro y ampliadas hasta que la proporción pertenece a un escenario y no a un taller. Los escotes son el argumento. Se deslizan anchos fuera del hombro y van forrados con rosas hechas a mano en tafetán negro, o bordados en azabache que gotea por la clavícula y se deshace al caer. Tela de trabajo, tratada con el cuidado que una casa suele reservar para la noche. Ahí está toda la tesis, cortada en sarga de algodón.

Look III.
Chaqueta de faena en gabardina de algodón azul marino, escote retrato forrado con rosas hechas a mano en tafetán negro.

Look X.
Chaqueta esculpida en lana de verano color turba, cuello recogido y forrado con rosas de tafetán negro.

Look XII.
Chaqueta Harrington en satén duquesa negro, con cuello de rosas hechas a mano. Después, las rosas
Coronan el escote hundido de un vestido tulipán en terciopelo azul profundo, el único color de la colección que levanta la voz. Se posan en el cuello de una Harrington de satén duquesa como un boutonnière que se salió de control. Cortadas en cuero, recorren las solapas de un abrigo de napa negra cuyo escote baja casi hasta la cintura, de manera que las flores funcionan al tiempo como adorno y como tapadera. En los vestidos cocoon de tafetán marfil dejan de decorar del todo y se vuelven estructura: un arnés de flores en tafetanes estampados desparejos, amarrado sobre el cuerpo para sostener el volumen.

Look VIII.
Vestido tulipán en terciopelo de algodón azul Caravaggio, escote hundido coronado de rosas en la misma tela.

Look XXIII.
Abrigo en napa negra, escote caído coronado de rosas en cuero.

Look XXI.
Vestido cocoon en tafetán marfil, arneseado por rosas hechas a mano en tafetanes estampados mixtos.
La ropa interior hace lo contrario
Rocha suele construir sus siluetas a punta de capas: tul sobre prendas de sastrería y, encima, más tul. Esta temporada tomó el camino contrario. Los fondos que normalmente se llevan debajo de los vestidos se convierten en vestidos por sí solos, con el escote corrido hacia un lado. El encaje de una enagua aparece sobre una falda de satín, a la altura de la cadera: un detalle fuera de lugar a propósito. Los cucos acolchados, en satín rojo escarlata con estampado floral y en cuero napa negro, se llevan a la vista. Las mangas van remangadas y sujetas en los antebrazos con pequeños ramilletes de flores de cristal. Nada parece demasiado acomodado; las prendas conservan la sensación de que alguien acaba de tocarlas. Detrás del escenario, la diseñadora explicó que suele añadir capas como una forma de protección, pero que esta vez quería mostrar algo más vulnerable. Las notas del desfile lo expresaban con más crudeza: escarbar en el vestido.
La ropa no está escondiendo un cuerpo. Está en mitad de ser acomodada por uno.

Look XXVIII.
Top globo y braguitas acolchadas en satén floral escarlata.

Look XIII.
Combinación en tul marfil con corona de rosas en cuentas de vidrio; boa en plumas de organza lavada.

Look XV.
Vestido négligée hecho de retazos de satenes estampados, con el escote desplazado.

Look XXIX.
Vestido négligée globo en tafetán de papel asfalto, con ribete de tul negro bordado. El punto es lo que vende
Los sacos y chalecos de rombos, en verde musgo, rojo escarlata, rosado pálido y negro, llevan un nudo en el cuello que los tuerce y los deja ligeramente de lado. Están bordados con conchas de mar y perlas, unas junto a las otras, como si tuvieran el mismo valor: un pequeño ascenso de categoría para las conchas. Un saco de lana merino gris pizarra, con ese mismo nudo en el cuello, combinado con una falda larga de aire lencero en rosado pálido, fue la propuesta más fácil de llevar de toda la pasarela. Posiblemente será la primera en venderse.

Look XVI.
Suéter de rombos con cuello torcido; falda négligée en retazos de satenes estampados.

Look XVII.
Chaleco de rombos bordado con conchas y perlas; boa en plumas de popelina de algodón.

Look XIX.
Suéter de merino pizarra con cuello torcido bordado con conchas naturales; falda négligée alargada en satén rosa concha.
Por último, el tafetán de papel
Rígida y arrugada, la tela conserva los pliegues como un mapa que se ha abierto demasiadas veces. Las faldas y los vestidos de corte globo, en gris café, gris asfalto y lila desteñido, parecen haber quedado detenidos en pleno movimiento. Las capuchas de tafetán negro enmarcan el rostro, así como los cuellos enmarcan los hombros.

Look XXVI.
Top capa cocoon en tafetán estampado; falda globo abreviada en tafetán negro.

Look XXX.
Vestido camiseta globo en tafetán de
papel topo, con goteo floral lila bordado en el escote.
Look XXXIII.
Camisa en popelina de algodón lavanda sobre vestido de combinación y falda globo en tafetán de papel.
Es fácil imaginar cómo adaptar esta colección al calor colombiano, algo que no siempre ocurre con lo que se ve en las pasarelas de Londres. El terciopelo y el cuero quedarían para tierra fría, pero buena parte de la propuesta está hecha en gabardina de algodón, popelina, satín y un tafetán ligero con textura de papel. Son telas que crean volumen sin necesidad de abrigar demasiado. La boa de organza, una especie de bufanda voluminosa, se lleva bajo el brazo y no alrededor del cuello: un detalle que podría ser pensado para el trópico. Una mujer colombiana podría elegir la chaqueta de gabardina y el saco con el nudo en el cuello, y dejar de lado las demás capas y mantener la esencia de la propuesta de Rocha.
Simone Rocha Primavera/Verano 2027, presentada en el Old Bailey, Londres, el 20 de septiembre de 2026. Estilismo de Robbie Spencer. Casting de Julia Lange. Peinado de Anthony Turner. Maquillaje de Thomas de Kluyver. Uñas de Ama Quashie. Arte sonoro de Frédéric Sánchez. Producción de Holmes Production.