The last Rays of the Sun

El golden hour como tercer lenguaje universal

Por Emiliana Valencia

Dorota Grzegorczyk — Dorota Grzegorczyk

El golden hour funciona como un tercer lenguaje universal, distinto al de las palabras y al de los gestos, todos sin excepción reconocen su belleza y luz. 

El atardecer funciona como la metáfora perfecta de transición donde el calendario cierra el verano y da la llegada al otoño. Como una acuarela que se disuelve en el agua, The Last Rays of the Sun captura la magia de esos minutos de golden hour, cuando los tonos cálidos y luminosos del día se difuminan para dar paso a la penumbra, dejando tras de sí algo que permanece, que se transforma, que crece.

Y ese es precisamente el poder de este lenguaje: No importa dónde uno se encuentre en el mundo, aquella luz dorada habla de la misma calma para cualquiera que la perciba. Es un momento que invita a detenerse, observar y respirar, un idioma universal de pausa en medio del ruido.

Dorota Grzegorczyk - Dorota Grzegorczyk

Cada tono permite jugar de manera armoniosa, fundiendo las capas de cada estación. En una misma paleta convive el morado, negro, cafe, dorado, blanco, azul y naranjado. Recorriendo cada instante del día que acompañan a otra versión de la misma persona y un sentimiento diferente, alegría, misterio, e intuición.  

La piezas ligeras acompaña esta transición, los vestidos de baño de Zara y Tezenis, el vestido de flecos de Gina Tricot, las siluetas fluidas de Vero Moda se llevan la memoria del verano, que permiten el movimiento con el viento, cortes relajados y colores cálidos. Pero a medida que el cielo se oscurece, de la misma manera lo hacen las prendas. Aparecen texturas más densas, con apliques, la chaqueta de cuero de Butik Lorenzo, los bordados metálicos y flecos de cristal de Next, el brillo de lentejuelas de Ohvery que le dan la bienvenida a otra temporada. Los aretes de Pandora acompañan cada escena, bajo una misma evolución.

Dorota Grzegorczyk - Dorota Grzegorczyk

Las piedras, el muro de concreto, los troncos y la sal del mar  son la superficie que sostiene el cuerpo mientras la luz se transforma minuto a minuto. Mientras a pocos metros se encuentra el cielo, en constante movimiento, cambio y fugacidad.

La arena se convierte en un espacio de movimiento, donde el cuerpo se estira, se mueve, cambia y recorre, interactúa con las raíces de un árbol caído un símbolo de tiempo detenido. El Paisaje  no es un edén aislado del tiempo, es real, habitado, en constante actividad incluso cuando el sol cae. 

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