Harper's Bazaar
Fotografía vía San Alberto
Fotografía vía San Alberto San Alberto

En la era de la sobreexposición social, muchos buscan diferenciarse con el fenómeno del lujo silencioso, algo que, en realidad, ha existido desde siempre. Pero hay que entender que el lujo silencioso no es solo ponerse una camiseta blanca sin logo comprada en The Row: el verdadero lujo es la sofisticación de las decisiones de cada día. Se trata de una acumulación de rituales cotidianos perfectamente curados, desde levantarse envuelto en sábanas egipcias hasta ponerse zapatos de cuero italiano auténtico. En Colombia, el lujo empieza en esa taza de café a las siete de la mañana. Y ese café tiene nombre propio: Café San Alberto.

No se trata únicamente de una bebida. Detrás de ese líquido decadente y amargo existe un paisaje y una herencia familiar. Un oficio que se transmite por generaciones y una obsesión artesanal por la excelencia.

Fotografía vía Café San Alberto
Fotografía vía Café San Alberto

Desde una montaña de Buenavista, en el municipio más pequeño del Quindío, la marca de Café San Alberto lleva construyendo un legado de tradición cafetera por más de cincuenta años. Cada etapa del proceso, desde su cultivo hasta cuando entra en la boca, refleja la calidad que se siembra a base de pasión, conocimiento y cuidado por el detalle. Por su parte, la historia de Café San Alberto empieza por el amor de un hombre al café y su hijo.  

En 1972, Gustavo Leyva Monroy adquirió la Hacienda La Alsacia y decidió rebautizarla como San Alberto, en homenaje a su hijo Gustavo Alberto, fallecido trágicamente en un accidente aéreo. Años después, el propio Gustavo moriría en el camino de regreso a la hacienda. Lo que pudo haber sido el final de una historia, se convirtió en el comienzo de otra cuando su esposa, Melva, asumió el liderazgo del proyecto familiar. Ella sentó las bases de lo que, décadas después, se transformaría en uno de los cafés más prestigiosos del país.

Fotografía vía Café San Alberto
Fotografía vía Café San Alberto

La verdadera transformación llegó en 2007, cuando los nietos del fundador, Juan Pablo y Gustavo Villota, decidieron crear su propia marca de café a partir de la finca familiar. Durante un recorrido por viñedos en Francia, se les ocurrió trasladar esa experiencia del vino a su finca de café. Desde entonces comenzaron a implementar la Quíntuple Selección, un método propio que incorpora cinco rigurosos procesos de clasificación del grano para garantizar una calidad y una consistencia excepcional en cada cosecha. El objetivo siempre fue producir el mejor café posible. Un café de notas aromáticas dulces que recuerdan el caramelo y notas de chocolate oscuro. Un café con balance de acidez frutal y cuerpo cremoso, tal y como es descrito por ellos.

Fotografía vía Café San Alberto
Fotografía vía Café San Alberto

Su compromiso con la excelencia convirtió a Café San Alberto en el café más premiado de Colombia. Fue el primer café colombiano en recibir la máxima distinción del International Taste & Quality Institute (iTQi) y ha sido reconocido con otros galardones, por producir uno de los cafés más exóticos del país. 

Aun así, su mayor logro no son los premios.

Su logro fue demostrar su significado alrededor del origen, la artesanía y la autenticidad. Café San Alberto nos enseña que Colombia siempre ha sabido producir lujo, aunque muchas veces lo busquemos en otros lugares. A veces, el lujo nace en una montaña en el Quindío, madura lentamente y resalta en esa primera taza en la mañana.