Hailey Bieber aparece en primer plano, aplicándose perfectamente su lip liner, usando auriculares rosas brillantes, y “Nicole Kidman” de Adéla como banda sonora. Sonríe y ahí termina el video. 28 segundos de TikTok, con más de 500 mil likes y cinco mil comentarios preguntando dónde comprar sus nuevas adquisiciones. Este es el nuevo fenómeno moderno que muestra cómo algo tan cotidiano como posar para un video se ha convertido en el máximo símbolo aspiracional.
No se trata del acto en cuestión, sino de quién lo realiza, que crea el deseo de ser como la celebridad, sentir cercanía, y conectarse a su mundo. Es uno de los comportamientos más fascinantes de la cultura hiperdigital en la era Gen Z: las relaciones parasociales.
Las redes sociales borraron las líneas del misticismo que significaba no conocer del todo a alguien. Pero el efecto de la hiperconexión genera la ilusión de que sí se conoce a quien está del otro lado de la pantalla. La parte racional sabe que es una pequeña fracción de la vida de estas figuras, pero la audiencia todavía experimenta una conexión con sus personalidades, sus gustos, y en especial, lo que consumen y representan diariamente.
La psicología define las relaciones parasociales como un “vínculo emocional unilateral”. Ya no es lo mismo ver a esa celebridad en una revista o en la alfombra roja, ahora están al alcance del teléfono, acortando la distancia para la audiencia, la cual ve a esa figura como “un amigo más”. Esto crea en los fans una necesidad de obtener lo que presentan y consumen sus ídolos: un labial, una manicura, una prenda, que suelen ser bienes tangibles y accesibles para el consumidor. Para un sector no se trata de funcionalidad, sino una forma de entrar a la esfera de la celebridad y el estatus que este rol conlleva.
En la cultura digital de hoy, las microtendencias como el glazed donut skin o el bedazzling son de los contenidos más comunes del algoritmo, específicamente construidos para el consumismo, y que responden a la búsqueda de identidad de la Gen Z. Dicho sentido de aspiración se alinea con las estéticas curadas de las celebridades, quienes son los rostros principales de la moda y cultura.
Aun así, las relaciones parasociales no son estrictamente negativas. Especialistas como la psicóloga investigadora Dra. Rachel Kowert consideran que crean comunidad y autoconfianza, e incluso a través de estas relaciones las personas pueden descubrir nuevos aspectos de sí mismas. Sin embargo, es evidente la ironía ante la adopción masiva de los hábitos de celebridades en una de las eras con más autonomía, en la que, en teoría, se esperaría más experimentación personal.
Dicho contraste se denomina como “una paradoja de la autenticidad”. Según la investigación The Authenticity Paradox: A Conceptual Framework for Understanding Generation Z’s Self-Presentation on Social Media, los jóvenes quieren mostrar una identidad real, pero “calibran” la originalidad mediante el uso de microtendencias y estéticas; un contenido que resulta muy favorecido por el algoritmo de distintas plataformas.
Este patrón no es solo una interpretación cultural, ha sido ampliamente analizado dentro del consumo moderno. De acuerdo con el 1er Informe Hábitos de Consumo del Observatorio Gen Z, incluso aunque esta generación apoye la expresión individual, más del 81% investiga y busca aprobación en redes antes de consumir un producto, el 73% descubre e imita tendencias en Instagram y el 68% lo hace en TikTok.
Esto invita al consumidor a pensar si vive un estilo auténtico o uno ajeno que debe pasar la lupa de la opinión pública. Tal vez es una combinación de ambos. Los datos sugieren que el concepto de autonomía, tal como se conocía, se ha redefinido en la era Gen Z. La juventud, consciente de que todo ha sido creado y reinventado, busca en sus ídolos referentes visuales y escogen o descartan lo que funciona para su consumo y adopción. Si es una falta de criterio propio o un mecanismo de exploración de identidad (que utiliza como espejo la estética de la celebridad) queda a juicio personal, pero bajo estos términos, la autenticidad moderna se refleja como una curaduría bien pensada.
Es por eso que, la celebrity culture, más allá del entretenimiento, se ha convertido en un fenómeno de aspiración social, donde los famosos son vistos como claro ejemplo del pináculo del éxito. En este aspecto, la figura de Hailey Bieber es un caso de estudio clave, sobre todo por haber construido un estilo personal sumamente referenciado. En la era de las relaciones parasociales, la curaduría de un estilo propio, aunque sea influenciada, se ha convertido en el verdadero lujo moderno.