El 15 de octubre, Hublot invitó a un grupo de medios internacionales a Milán para celebrar junto a la marca el lanzamiento del Classic Fusion Tributo y conocer de primera mano esta reinterpretación del reloj con el que nació la firma en 1980. La presentación tuvo lugar en el Circolo Filologico Milanese, en una noche en la que la alta relojería, la cocina del famoso chef Massimo Bottura, galardonado con tres estrellas Michelin, y un espectáculo de música y danza articularon una misma idea: innovar no siempre significa dejar atrás el pasado; a veces consiste en regresar al origen y mirarlo con otros ojos.

Hublot nació en 1980, cuando Carlo Crocco, un italiano conocedor de la tradición relojera suiza, presentó en la Feria de Basilea un reloj de oro con correa de caucho negro. Unir un metal precioso con un material asociado al deporte parecía inconcebible, pero Crocco quería una pieza sofisticada que pudiera usarse a diario.
El reloj llevaba la firma MDM Genève, por Marie-Danielle Montre, en homenaje a su esposa, y se llamó Hublot, palabra francesa que designa la ventanilla circular de un barco. Esa forma quedó reflejada en el bisel y en los doce tornillos que definieron la identidad visual de la marca.

Dos momentos marcaron su historia: el lanzamiento del Big Bang en 2005 y la incorporación de Hublot al grupo LVMH en 2008. Esa integración le dio los recursos, la capacidad técnica y el alcance internacional para crecer sin perder su espíritu experimental.
Hoy, la marca alcanza un nuevo hito: el Classic Fusion Tributo. Cuarenta y seis años después, recupera la esencia de aquel primer reloj de 1980 y la actualiza con toda la experiencia técnica acumulada por la manufactura. La caja pasa de 36 a 38 milímetros y tiene un grosor de 9,5 milímetros: una proporción contenida que conserva la discreción del original, pero le aporta mayor presencia en la muñeca.
Regresan la esfera negra, la correa de caucho acanalado y los doce tornillos ligeramente abombados del bisel. Ante la ausencia de índices convencionales, los tornillos señalan las horas sobre una esfera reducida a tres agujas y una ventana de fecha situada a las tres. Las asas expuestas revelan la construcción de la caja. Hublot también prescindió del sistema intercambiable One Click para mantenerse más fiel al diseño de 1980.
Las dos versiones comparten la misma arquitectura, aunque expresan personalidades distintas. El modelo de oro amarillo de 18 quilates es el más fiel al reloj de Crocco. Combina el metal cálido con una esfera de laca negra con efecto carbón y recupera, a las seis, la inscripción MDM en dorado.

La versión de oro blanco adopta una apariencia más sobria. Su esfera de ónix negro pulido y los tornillos oscuros del bisel aportan profundidad y una estética inspirada en la precisión de la sastrería italiana.

El cambio decisivo se encuentra en el interior. El movimiento de cuarzo de 1980 ha sido reemplazado por el calibre automático HUB1711, basado en la arquitectura Elite de Zenith. Compuesto por 185 piezas, ofrece una reserva de marcha de aproximadamente 50 horas.
A través del fondo de zafiro se observa la masa oscilante en forma de H de Hublot: de oro amarillo de 22 quilates en una versión y de tungsteno negro en la otra. La corona atornillada y la resistencia al agua de 100 metros mantienen vigente la intención inicial de Crocco: crear un reloj de lujo pensado para la vida cotidiana.

Los acabados pulidos y satinados, el contraste entre el oro y el caucho y la limpieza de la esfera convierten su aparente sencillez en una forma de sofisticación.
Para celebrar este lanzamiento, Hublot eligió Italia, el país de su fundador. En los salones del Circolo Filologico Milanese, la velada comenzó con un aperitivo, bajo un código de vestimenta de cóctel «con un toque de elegancia italiana», y continuó con una cena pensada para prolongar la misma idea que dio vida al reloj: reinterpretar un clásico sin traicionar su esencia.
La elección de Massimo Bottura para la cena no fue casual. El chef de Osteria Francescana y Casa Maria Luigia ha construido su trayectoria en torno a una pregunta similar a la que impulsó a Crocco: cómo transformar una tradición sin perder aquello que le da identidad. Osteria Francescana, en Módena, cuenta con tres estrellas Michelin y ha ocupado en dos ocasiones el primer lugar en The World’s 50 Best Restaurants.
La cena comenzó con una interpretación del bosque de los Apeninos en otoño, elaborada con hongos, trufa negra, calabaza, castañas y hierbas aromáticas. Después llegó un risotto inspirado en el borlengo, una preparación tradicional de Emilia-Romaña, con arroz Carnaroli, caldo de Parmigiano Reggiano, lardo y piel de cerdo crujiente.
Las costillas de res Fassona piamontesa, inspiradas en las spin paintings de Damien Hirst, se sirvieron con purés de pimientos, reducción de remolacha y vinagre balsámico de Módena. El postre, Cacio e Pere, reinterpretó la combinación de queso y pera mediante chocolate blanco, mousse de pecorino y compota de membrillo.
Cada plato parecía espontáneo, pero revelaba una construcción rigurosa. Allí surgía el vínculo con la relojería: tanto en un movimiento mecánico como en una cocina de este nivel, la sencillez depende de años de conocimiento, experimentación y precisión. Bottura explicó, desde otro lenguaje, lo que Hublot entiende por el Arte de la Fusión.
Entre plato y plato, la velada cambió de ritmo. Un grupo de bailarines irrumpió en el salón con los relojes incorporados a sus estilismos, y por unos minutos el Tributo dejó la vitrina para moverse al compás de la música. Fue una manera de recordar que, cuarenta y seis años después, el espíritu de Hublot sigue siendo joven.

- Patricia Burén
La puesta en escena también puso a prueba la versatilidad del reloj. Con sus 38 milímetros, el Classic Fusion Tributo se veía natural en muñecas y estilos diferentes, sin quedar limitado por categorías rígidas de género. No es casual: Crocco recuerda que el Hublot original se vendió por igual a hombres y mujeres.
El Classic Fusion Tributo no es una simple reproducción de archivo. Conserva la apariencia del reloj de 1980, pero reemplaza su mecanismo de cuarzo por un calibre automático y actualiza su construcción sin alterar la idea que lo hizo relevante. En Milán, entre la precisión relojera, la cocina de Bottura y la energía de los bailarines, Hublot demostró que tradición e innovación pueden convivir en un mismo objeto.
