Johanna Ortiz
Johanna Ortiz Gaspar J. Ruiz Lindberg

La diseñadora caleña volvió a la Semana de la Moda de París con una colección sobre la herencia: los objetos, los gestos y los colores que pasan de una generación a otra en América Latina.

Después de debutar en marzo en la Semana de la Moda de Madrid con su colección de otoño-invierno, Johanna Ortiz regresó a París para presentar su Primavera-Verano 2027. Esta vez bajo una pregunta: ¿qué llevamos dentro de nosotros de una generación a la siguiente?

“Un homenaje a Latinoamérica, a nuestra herencia del sabor latino, de festejar a las mujeres y celebrar la vida”. Así lo describió la diseñadora, pues a través de esta colección presentó una visión coherente, exuberante y sofisticada que encuentra en la identidad latinoamericana la belleza, una armonía en contraste, y el valor del conocimiento que vive en las manos de los artesanos que conservan sus tradiciones y las heredan de generación en generación.

Johanna Ortiz - Gaspar J. Ruiz Lindberg
Johanna Ortiz - Gaspar J. Ruiz Lindberg

La respuesta no se encontró en la nostalgia; se interpretó la herencia como algo vivo, que se transforma con cada persona que la recibe. Y lo hizo desde el optimismo, una invitación a celebrar y disfrutar. A través de referencias reimaginadas, con el uso del color, las siluetas y la sensualidad, se presencia una identidad que vive con propósito, raíces y movimiento hacia el futuro.

La colección se presentó en la Maison de l’Amérique latine, institución que desde 1946 trabaja para acercar la cultura de América Latina a Francia. Por sus salones han pasado escritores, pintores y músicos latinoamericanos durante décadas.

La diseñadora empezó por objetos que todos en Colombia reconocen y que tienen una función práctica y un valor cultural. El primero fue el carriel, el bolso de cuero con el que los arrieros llevaban sus cosas por las montañas de Antioquia. El segundo, la mochila wayuu, tejida a mano en La Guajira. El tercero, los canastos de palma de iraca de Nariño. Presentó su interpretación de estos, estudió su técnica y mantuvo el uso y la memoria aunque la forma cambiara. En la pasarela, mochilas y canastos aparecieron renovados para la vida en la ciudad y el movimiento.

Johanna Ortiz - Gaspar J. Ruiz Lindberg
Johanna Ortiz - Gaspar J. Ruiz Lindberg

Bajo la lectura de estos objetos nacieron también las siluetas de la ropa, estudiando el movimiento del cuerpo cuando carga algo: un hombro que baja, la tela que se recoge o el peso que cambia de lado. Esos gestos definieron la simetría de la colección.

Hubo prendas envolventes, que se ciñen en la cintura o que caen desde un solo hombro. Vestidos con volumen amplio convivieron con piezas pegadas al cuerpo. Algunos escotes se abrían al caminar y los flecos acompañaban los diseños, como parte de la propuesta boho-chic de la marca.

Para el color se inspiró en la seguridad con que se viste América Latina, en especial la ropa maya. Rayas, cuadros, bordados y colores intensos conviven sin miedo a mezclarse. Los estampados florales se cruzaron con figuras geométricas, en una paleta armoniosa que honra la selva y el páramo colombiano.

Johanna Ortiz - Gaspar J. Ruiz Lindberg
Johanna Ortiz - Gaspar J. Ruiz Lindberg

La artista Aria Vega acompañó el desfile con una presentación en vivo que llenó de energía la sala y reforzó el mensaje a través del ritmo que reconoce la historia de la mujer colombiana y su belleza.

Con más de dos décadas construyendo un lenguaje inspirado en la naturaleza, la luz y la forma de vivir de América Latina, Johanna Ortiz presentó su colección Primavera-Verano 2027 como un acto silencioso de llevar con nosotros mismos una memoria, un sentimiento, un instinto y una identidad que vive cerca de la raíz, siempre sembrando el camino hacia adelante.

Johanna Ortiz - Gaspar J. Ruiz Lindberg
Johanna Ortiz - Gaspar J. Ruiz Lindberg