Leidy Mei, la más reciente apertura en Carrera 4a # 65 - 24 de Chapinero Alto, es el resultado de una sinergia perfecta entre la calidez de la cultura colombiana y la gastronomía china.
Antes de entrar al nuevo local de Clavijo, es inevitable cuestionarse: ¿por qué un chef que hizo carrera reivindicando lo local elige ahora una cocina extranjera? ¿Es una contradicción, o una extensión lógica de su filosofía?
Bastan unos minutos respirando el ambiente cálido, moderno y vibrante del restaurante, y una ojeada a la carta, para que esas incógnitas empiecen a resolverse solas. El primer bocado de cualquier plato termina de confirmarlo.
Leidy Mei no llega a imitar una cultura ajena. Llega a traducirla.

En primer lugar, la carta está construida enteramente alrededor del gesto de compartir. Sentarse a la mesa se convierte así en un ritual de comida, conversación y buena compañía.
Además, cada receta integra producto cien por ciento local, traducido bajo la técnica china.
Entre luces vibrantes y arte contemporáneo en las paredes, grupos de comensales ríen mientras comparten la oferta del restaurante, que divide su carta en entradas, arroces, fideos y proteínas.

Por recomendación de quien nos atendió esa noche, lo ideal es optar por una entrada, un arroz o unos fideos y una proteína; así que seguimos el consejo al pie de la letra.
Para la entrada, nos fuimos por unos exquisitos Camarones Fuego.

Estaban en su punto perfecto de picante, con una capa de tempura crocante.
Para el arroz, el más elogiado, y con razón, es el arroz de cangrejo, donde una vez más el producto colombiano se interpreta bajo técnica china. Viene acompañado de su propia vinagreta, de sabor punzante, que complementa perfectamente la suavidad del cangrejo.

Ir a Leidy Mei y no probar el pollo a la naranja no era una opción, así que fue nuestra elección de proteína, y terminó siendo el favorito de la noche. Su rebozado estaba delicioso, con una textura ideal, pero lo que más quiero destacar es la frescura y naturalidad de la salsa: tiene un sabor cítrico y a la vez ligero, que hace que cada bocado valga la pena y esté perfectamente balanceado.

Evidentemente, el postre no se podía quedar por fuera: la propuesta de Clavijo es un helado de té verde acompañado de perlas de tapioca. Es el limpiador de paladar perfecto: fresco y justo en su punto dulzura.
Quienes nos atendieron esa noche recomendaron el pollo Kung Pao, y nos quedamos con las ganas de probarlo. Una excusa perfecta para volver. También nos quedó pendiente el turno de sus fideos.