Juan Camilo Roads — 23 Living

Veintitrés son los grados de inclinación del planeta que hacen posible el trópico. También es el número de cromosomas que tenemos los humanos y los segundos que tarda la sangre en recorrer el cuerpo. Un número que aparece una y otra vez en la naturaleza, como si nos recordara que los grandes sistemas funcionan a partir del equilibrio.

23 Living toma ese nombre precisamente porque el número resume la filosofía del proyecto. Más que un hotel boutique, es un homenaje al origen. A la geografía, a la memoria, a la ancestralidad indigena y a la identidad de Medellín. 

Fotografía Juan Moore

La idea nació cuando Miguel Ángel González identificó un vacío en la oferta de hotelería boutique de lujo en Colombia. Junto a Marcela García Martínez, comenzaron a desarrollar un proyecto que entendiera el espacio como una extensión de Medellín.

23 Living tiene como objetivo construir una historia piso por piso y su arquitectura funciona como un recorrido por el territorio. Desde las referencias a las vasijas indígenas y el río Medellín, hasta los horizontes montañosos que inspiran las habitaciones y la terraza convertida en observatorio, cada espacio es inspirado por su región geográfica. Y es que para Miguel Ángel y Marcela, el trópico es una manera de entender el mundo. Es la exuberancia de una vegetación que nunca deja de crecer, la riqueza de los materiales naturales, la intensidad de los colores, la relación cotidiana con el agua, la montaña y la luz.

Pero Medellín no solo está presente en la arquitectura. También define el ritmo del hotel. A través de una agenda cultural que reúne artistas emergentes, escultores, DJ que reinterpretan el folclor colombiano y cineclubes dedicados al cine nacional, 23 Living celebra una ciudad que hoy se consolida como uno de los epicentros gastronómicos, artísticos y creativos más interesantes de América Latina.

Fotografía vía Juan Camilo Roads

Y como dicen en 23 Living, quedarse en el hotel es lo mejor de dos mundos. Por un lado, está la naturaleza. La arquitectura y la decoración botánica convierten al edificio en una extensión del trópico, está todo rodeado de árboles y no es raro encontrarse en el balcón con un colibrí o una guacamaya. Se trata de un santuario en medio de una ciudad cosmopolita. Basta caminar dos cuadras para toparse con las discotecas, los cafés y las galerías de una Medellín que no se apaga nunca. 

Por muchos años, Medellín ha sido conocida por una historia que nunca alcanzó a contarse por completo. Hoy, proyectos como 23 Living, proponen una narrativa que resalta a Medellín por lo que es: arte, cultura, naturaleza y origen.