Bogotá es una ciudad repleta de joyas escondidas entre el asfalto y el reflejo de las luces. Día a día, cientos de personas se mueven por sus calles buscando esos refugios que las transporten, abracen o inviten a vivir una realidad distinta por breves momentos, y cada una de sus esquinas es cuna de estos lugares acogedores. Resguardado entre los rincones del Nogal, se encuentra Café del Este, un restaurante que reinterpreta la cocina mediterránea hacia lo inexplorado y redefine las fronteras entre la tradición y la contemporaneidad.
Concebido por el chef Nimi Molad en septiembre de 2025, Café del Este construye una atmósfera que guía a sus comensales en un recorrido por el Mediterráneo desde su barra, mediante sabores originarios de cada región. La carta, una apuesta trascendente, rebasa lo que ya se conoce como cocina ibérica y la complementa con una exploración de la cocina del Medio Oriente.
Cuando cae la noche, Café del Este se transforma en un refugio culinario a la luz de las velas, donde sus cocineros trabajan detrás de la barra de la cocina abierta en una sinfonía meticulosa y rítmica. Liderados por la chef Laura, quien complementa la calidez del ambiente con su conversación exquisita y su profunda cercanía a cada preparación.
Cada plato es una composición única donde Molad plasma su visión: sabores naturalmente refrescantes coronados con un toque de audacia que aporta picos de intensidad vivos sin imponerse al plato. Entre sus propuestas para picar, la Berenjena Ahumada es la favorita, por recomendación de la chef Laura, acompañada del Kubaneh, un pan de raíces yemeníes que sale del horno tierno y aireado.
Entre los fuertes destaca el Pescado Marroquí, una preparación de pescado blanco con una salsa de tomate realzada con tahine y chile verde. El filete tiene una textura tan suave que se derrite entre la salsa. Para complementar, las Gambas al Sartén vienen bañadas en una mantequilla de tomate y chile, la cual se disfruta aún mejor empapando el pan.
La carta de postres es igual de enigmática, con propuestas tan contemporáneas como esa que mezclan el origen con los característicos toques de Molad: cítricos, dátiles y sal, que le dan a su cocina ese encanto inconfundible. Entre ellas, el Malabi sobresale al ser la combinación ideal entre el chocolate blanco belga y la acidez y frescura de los frutos rojos.